jueves, 25 de abril de 2013

Fusión de Banderas. ¿Cual será el diseño final?


Una nota simple.

Verán abajo la imagen de un diseño muy atractivo donde se fusionan dos banderas, la de Venezuela y la de Cuba. Fue extraído de una página oficial del gobierno de Isla, Televisión Camagüey. Probablemente puedan encontrarlo en otros lugares, pero allí es donde yo lo vi.

Muy buen diseño, no está de más aceptarlo. Mi suspicacia me ha llevado a interpretar un detalle, y no es necesario que tengan que compartir mi opinión, pero yo quería dejarlo en mi Blog como una curiosidad histórica.

Noten como la dinámica lleva a inducir que las otras estrellas de la bandera venezolana van a parar directamente a la cubana. Entran sin más. Detalle reforzado porque la propia estrella de la bandera cubana en más grande, ¿más influyente? Yo lo veo como si la “soberanía cubana” acaparara a las otras soberanías. Durante años hemos oído que la “estrella solitaria” representa la soberanía de nuestro pueblo. Pero en ese diseño ya no pulula tan solitaria, aunque si preponderante y adsorbente.

¡Interesante!, ¿verdad?

miércoles, 6 de marzo de 2013

Consternación y dudas después del anuncio de Nicolás Maduro por la Muerte del líder venezolano Hugo Chávez Frías.



Foto falsa que se anticipó a la muerte de Hugo Chavez,
difundida a travez de Twitter
Hace poco más de dos años pudimos ver las muestras de dolor, cuasi histéricas, del pueblo de Corea del Norte inmediatamente después de ser anunciada la muerte de su líder Kim Jong-il. En aquella  ocasión el mundo se sorprendió una vez más, hombres y mujeres emitían sus llantos, cual gemidos teatrales de corte asiático, o eso nos parecían. El llanto era disciplinado y efusivo, transcendiendo el incienso que sobrevolaba la península coreana, más arriba del paralelo 38.

Ahora, nuevamente el llanto, esta vez reconocible por mi, o por mi legado cultural, no tan disciplinado ni organizado, pero siempre el mismo, el fanatismo absoluto al líder. Sí, Chávez era muy querido por una fracción muy significativa de su pueblo, que veía en él, el mesías que acabaría con los ricos, con la oligarquía como él mismo prefería llamarles.

En tanto, iba surgiendo una nueva clase con poder, que aparentemente representaba al pueblo, pero que casualmente tenía los mismos gustos occidentales que esa otra que poco a poco iba suplantándose.

No podemos olvidar que se trata de un país con uno de los recursos más apreciados de nuestra era, el petrolero. Ese recurso, nacionalizado y administrado por su gobierno le permitió maniobrar, siempre de manera muy generosa, en los países de su entorno latinoamericano. Unas veces para favorecer a sus aliados y otras para atacar a los enemigos que él elegía como tales.

Hombre de lenguaje vulgar, que recordaba con toda intención su poca cultura y carencias académicas, pero que sabía bien como usar su talento vociferador. Con esa idoneidad lograba atraer al público mayoritario de Venezuela,  que llevaba sufriendo durante décadas, bajo las palabras ilustres de otros gobernantes instruidos, el defalco.  Así fue como Venezuela entró en el siclo de las revoluciones de izquierdas, caracterizadas siempre por la perpetuidad y la putrefacción de sus dirigentes en el poder. ¿Cuánto tiempo hubiera gobernado Chávez si ese “cáncer imperialista” no le hubiera atacado? No lo sabremos, pero todo apunta a  que sería tan longevo en su poder como lo fue su maestro, sus propias palabras  cuando se refiere a su Comandante, Fidel Castro.

Pero la pregunta que ahora interesa es otra. ¿Qué va a pasar con Venezuela? ¿Habrán elecciones? Es probable que si. Siempre que la Habana se vuelva a sentir segura, las habrá. Es obvio que la capital cubana tiene una influencia profunda sobre Caracas y de acuerdo a esta misma proyección, Venezuela ha estado navegando con entusiasmo por la política de su región.

Chávez era un auténtico fanfarrón antiimperialista, pidiendo a gritos el reconocimiento de ser el objetivo malévolo de un país poderoso, al que el mundo ha odiado siempre de acuerdo a la moda progre. Su problema era otro, el del protagonismo, el de no tener que compartir el escenario. El gran líder exigía sin ocultarlo todas las cámaras frente a él, y mostrando al mundo la mejor de sus caras. De ahí, que cuanto más lo ignoraba el enemigo, más se exaltaba, más se remordía.  Los Estados Unidos no le hacían el caso suficiente, al menos tanto como él hubiera deseado. Mientras Venezuela cumpliera sus acuerdos económicos, bueno para el Imperio y bueno para la República Bolivariana, y esa era la realidad que no podía aceptar.

Herido y despechado por su la intrascendencia en las preocupaciones de occidente, insistió en su insolencia hasta que el plató fue solo para él.  Es de suponer que su maestro, enamorado del discípulo, hizo una buena parte del trabajo.

Hugo Chávez financió campañas en Argentina y en Bolivia, y hasta la fecha ha procurado que las calles de La Habana se mantengan más o menos iluminadas.  Nadie duda la importancia que tiene su actuación dentro América Latina y la influencia que ha suscitado dentro de la izquierda más rancia de Europa, pero esto también ha tenido un precio muy alto para Venezuela.

Fuentes AFP y Transparecia Internacional
 La decadencia económica del país hoy es más palpable. Supermercados desabastecidos, alto precio del combustible, además de ser el país más corrupto del hemisferio, después de Haití según el informe del 2011 de Transparencia Internacional, y una inseguridad ciudadana sin precedentes históricos. Ese es el país que deja Chávez, pero por si fuera poco se trata de un país dividido.

El pueblo venezolano no va en su conjunto hacia una misma dirección. Los preceptos para la recuperación económica están totalmente encontrados y se disputan abiertamente el derecho o no a la prevalencia de la propiedad privada. Chávez era ese individuo barriobajero que intervenía viviendas y locales y las repartía a dedo, mientras Televisa o el Canal Sur daban a conocer el espectáculo. Allí estaba Chávez, siempre vulgar, pero elocuente, autócrata, pero de pueblo, allí estaba para adueñarse de los escenarios.

La suerte de Venezuela es incierta, pero es evidente que la muerte del mandatario, además del mito que se auto-procura, también dará una nueva oportunidad de rectificar sus errores. No es posible vaticinar el futuro con tantas divisiones y tendencias diferentes. Soy pesimista, pero a pesar de ello tengo una leve esperanza de que su muerte de al traste con un nuevo amanecer para los venezolanos.

viernes, 25 de enero de 2013

En busca de la sociedad perfecta. (Normas de Convivencia)


¿Cómo establecer las normas de Convivencia? Partiendo de que cada individuo posee sus propias prioridades y que este concepto podría ser tan versátil como la variabilidad del pensamiento humano, no es posible establecer una definición exacta. Aun así queremos arriesgarnos, y para ello pasaremos por alto el deseo de un asesino de que no existan leyes que lo condenen, o el anhelo de muchos jóvenes a consumir drogas sin ser perseguidos por ello. Hagamos un consenso en este sentido y ubiquémonos en todo lo que quepa dentro del sentido común más universal, que son las normas de convivencia.

Hay muchos intentos que se refieren a estas normas. El más conocido son los diez mandamiento, que aquella tarde bíblica del heroico Abrahán, este se las trajo consigo del Monte Sinaí. La historia cuenta que el pastor subió al monte y permaneció allí cuarenta días con sus cuarenta noches, y que en este tiempo de meditación tuvo un intercambio con Dios. Los mandamientos le fueron entregados en dos lajas de piedras, en las que estaban escritas, en arameo antiguo, las leyes que servirían de base a la mayoría de las constituciones de las sociedades modernas. Estos son los mandamientos:

1.            Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2.            No pronunciarás el nombre de Dios en vano.
3.            Santificarás las fiestas.
4.            Honrarás a tu padre y a tu madre.
5.            No matarás.
6.            No cometerás actos impuros.
7.            No robarás.
8.            No dirás falsos testimonios ni mentirás.
9.            No consentirás pensamientos o deseos impuros.
10.        No codiciarás los bienes ajenos.

Los tres primeros, como podrán entender, tienen un carácter estrictamente religioso y comprometedor. Dios sabía lo importante que era que los hombres se implicaran con Él y les fueran leales, ¿sino, porque seguirían al pie de la letra los siguientes siete mandamientos?

A simple vista esos otros siete son normas estrictas de convivencia.

Diríase que el cuarto mandamiento exhorta al respeto de nuestros mayores, al agradecimiento a quienes se han sacrificado por nosotros, a valorar la experiencia que han acumulado durante su vida, a cuidar de los que, por decadencia biológica, se hacen poco a poco más vulnerables.

El quinto, es simple y directo. Matar va en contra de nuestra supervivencia, e incluso, en la naturaleza son muy pocos los casos de asesinatos entre especies similares. Algo en nuestro instinto nos dice que matar es solo aplicable a casos muy extremos y con ello Dios intentaba protegernos de nosotros mismos. Podría suponerse que conspiraba con la Naturaleza en su pretensión de proteger a si especie predilecta.

El sexto y el noveno están muy relacionados. El sexto se refiere a la acción de cometer actos impuros y el noveno se refiera a la intención de pensar, maquinar, estos mismos actos. En este punto también fue necesaria una lista de “actos impuros”, pero no nos ocuparemos de ello en este artículo. Solo decir que el concepto de “actos impuros” ha ido variando mucho en las diferentes sociedades que aparecieron en el camino del hombre por su historia.

El séptimo, como es fácil ver, va encaminado a la protección de la propiedad individual y colectiva, lograda con el esfuerzo de quienes tendrán el derecho a disfrutarla. Una forma de decir: “si deseas algo material, trabaja y esfuérzate por conseguirlo, pero respetando el trabajo y el derecho de los demás”. Ahora vendrá el listo y sentenciara que: “robar también requiere de un esfuerzo”, pero este nunca será superior al del trabajo y la superación individual.

El octavo mandamiento es un poco más complejo, porque impone determinar una “importancia en un contexto”. ¿Que queremos decir con esto? Aparentemente mentir no genera daño o discordia social, pero esto es solo en apariencias. Esto puede presentarse en diferentes contextos, desde la mentira doméstica, un poco más privada, a la mentira que involucre a intereses más generales, la mentira de ámbito social. En ambos casos puede tener consecuencias negativas en las relaciones, pero por poner un ejemplo muy simple podríamos referirnos al presidente de un país. Cuando este miente a sus ciudadanos, puede implicar consecuencias políticas y económicas negativas para una nación entera, si es que no llegan a tener alcances más globales. Tal vez Dios se dio cuenta muy temprano de sería el arma perfecta para dominar a las masas, para idear guerras o para alcanzar riquezas inmerecidas. Las mentiras, son más malas de acuerdo al perjuicio que ocasione a los demás, pero en cualquier caso siempre causarán algún daño.

Y llegamos al último mandamiento, al decimo. “No codiciarás los bienes ajenos”. Observen como Dios hace una especificación importante, la de “el bien ajeno”. Se está reforzando el mandamiento siete de “no robarás”, como mismo se reforzó el mandamiento seis con el nueve. El primer caso implica la acción, la ejecución, el acto en si, y el segundo es el pensamiento, la cavilación, el planeamiento. Es obvio, tomar lo de otros es negativo, pero desearlo también lo es. Sin embargo, tal parece que la codicia cuando no están implicados los “bienes ajenos”, no es un problema. Si, el sabio que escribiera estos mandamientos tuvo la previsión de dejar abierta la idea de que,  ser ambicioso beneficiaría a todos, pues supondría la competencia por lograr siempre un poco más, algo que de alguna manera impulsaría el desarrollo.

Si a partir de ahora alguien tuviera la misión de reescribir estos mandamientos podría sintetizarlos de la siguiente manera:

a) Amarás a Dios, respetarás su nombre y harás conmemoraciones en su honor.
b) Respetarás a los adultos y cuidarás de ellos.
c) No matarás.
d) No harás actos inmorales, ni planificarás hacerlos.
e) No robarás, ni planificarás hacerlo.
d) No mentirás.

Es una interpretación muy respetuosa sobre los Diez Mandamientos, pero en todas las culturas y religiones encontraremos aseveraciones muy parecidas a estas. El problema es que para la sociedad moderna ya no es suficiente. La normas de convivencia de antaño no tenían en cuanta, cuan complejas y vulnerables se tornarían las sociedades del futuro. Aquí entran en la escena los “Derechos”.

No en vano, la especialidad de las ciencias sociales que se dedica a estudiar la organización de la sociedad a través de las leyes, se denomina Derecho. En la medida que los asesinatos empezaron a ser clasificados aparecieron “grados”, que implicaban sentencias diferentes. Robar podría ser clasificado, el adulterio podría ser clasificado, y esto fue siendo valido para todo lo que fuera considerado un delito.

Las cosas se fueron complicando cuando el concepto de ”derecho” se traslado al individuo, que en muchas sociedades y circunstancia podía convertirse en víctimas del Derecho cuando este era aplicado desde los intereses de los gobiernos. Es muy probable que el primer intento de crear una lista sobre los derechos fundamentales del hombre ocurriera tan tempranamente como el 1235 dc. La UNESCO a reconocido la carta de Madén o Kurukan Fuga, como el primer intento de proveer a sus ciudadanos una lista de derechos individuales. Con esos términos se fundó el Estado de Mali, que como uno de sus logros más trascendentales, determinó por ley la abolición de la esclavitud en su región.

Poco a poco se fue imponiendo la idea de que podría ser un derecho comer, educarse, vestirse, recibir asistencia medica, tener un vivienda, opinar diferente, buscar fuentes alternativas de información, viajar, reunirse, tener otras creencias, etc., pero a la par sucedía que muchas sociedades se radicalizaban y volvían la espalda a muchos de estos derechos. De hecho, las naciones que no se suscriben a estos pactos internacionales, en los que se intenta garantizar estas formas de libertades individuales, no suelen aplicarlas, y en muchísimos casos estos firmantes, no las cumplen.

Para alcanzar esa sociedad utópica, o para tender a ella,  uno de los elementos fundamentales a tener en cuenta es la forma en que los individuos puedan convivir con respeto y armonía. Ya hemos visto que desde el inicio de la civilización, el hombre ha intentado establecer normas con este objetivo, pero no es fácil concientizar que los seres humanos nacen con estos derechos. Podríamos agregar al respecto, que las culturas orientales no conocían este concepto porque su sistemas sociales se orientaban hacia los deberes, y nunca hacia los derechos. El pensamiento en si, fluyó desde occidente y se extendió por el mundo, cambiando formas de gobiernos y culturas ancestrales, aunque la realidad demuestre que, tener derechos, es independiente a si son reconocidos, o no.

Nos imaginamos la sociedad perfecta con muchos detalles, pero este, el de los derechos fundamentales de los seres humanos, el de las normas de convivencia, es inapelable.

martes, 22 de enero de 2013

En busca de la sociedad perfecta. (Anotaciones sobre los sentimientos)



Sabemos de antemano que si aceptamos nuestra propia naturaleza humana, es imposible pensar en la sociedad perfecta. El homo-sapiens sapiens no es una especie cualquiera. Al poseer una capacidad elevada de razonamiento, tenemos que admitir que eso nos lleva a convivir con sentimientos elaborados producto de esa forma encumbrada del pensamiento humano; los sentimientos complejos. Amor, odio, envidia, tristeza, decepción, coraje, alegría, admiración, miedo, deseo, valor, egoísmo, ira, fe, rencor, fidelidad, locura, venganza, lástima, temor, esperanza, crueldad, soberbia, pasión, compasión, optimismo, ternura, soledad, angustia, duda, euforia, culpa, entre otros.

Estos sentimientos jugaron y juegan un rol preponderante en el desarrollo intelectual, político y económico de todas las sociedades. Si hiciéramos un gradiente imaginario que se desplazara desde los sentimientos más positivos a los más negativos, comprobaríamos que es imposible deshacerse de ninguno de ellos. Muchos de estos son la antítesis de otros, de manera que al refutar estariamos negando otros. La mayoría de los sociólogos llegan a plantear que el amor es un sentimiento egoísta porque genera autobienestar. Así se reconoce el amor como un sentimiento que busca una satisfacción personal, la felicidad de otros en nuestro propio beneficio. Desenlazar los sentimientos es una tarea tan ardua y absurda que podría ser comparada con la intención de determinar que ciertas especies están mas adaptadas que otras, sobre todo sabiendo que todas han llegado hasta nuestros días. De lo que no hay dudas es que los sentimientos determinan las conductas a seguir por nuestra especie y he ahí el punto a donde pretendemos llegar en esta primera etapa de la exposición de nuestro trabajo.

Pongamos un ejemplo que involucre sentimientos compartibles por grupos de individuos en una sociedad. Es obvio que los ejemplos conforman una lista muy larga, pero hemos preferido seleccionar el nacionalismo.

El nacionalismo es un sentimiento arraigado en poblaciones que se autodiferecian de otras, ya sea por razones históricas, étnicas, políticas, lingüísticas, económicas, etc., llegando a ser el producto de la combinación de todas. El nacionalismo es identificativo, en el sentido en que crea en el individuo una identidad de pertenencia a una región. Esta identidad está sostenida por razones diferenciadoras, ya sea en el aspecto cultural o regional, y pretende otorgar una especie de orgullo diferenciador, que la mayoría de las veces exhorta y sugiere algún grado de superioridad sobre los demás. El nacionalismo es en si mismo excluyente, porque le concede, casi consiente, una identidad a unos en tanto excluye a otros.

Partiendo de este dilema sentimental que es el nacionalismo, se han desarrollado a lo largo de la historia de nuestro planeta, acontecimientos que han determinado la actualidad en que vivimos. Es muy conocido el Nacionalismo Alemán, que alcanzó su clímax histórico en la época del nacismo hitleriano. Este llevó a los mismos alemanes a una guerra destructora en ambas direcciones. Se hizo creer al pueblo alemán, aprovechando muy bien este sentimiento nacionalista, cuan especiales y superiores eran. Basados en este concepto elemental, se reforzó la idea con ideologías que pretendieron respaldarse con argumentos pseudo-científicos. Se llegaron a establecer patrones para determinar la pureza de una raza, que técnicamente estaría destinada a gobernar al mundo. La propaganda jugo un rol muy importante en reforzar esta forma de pensamiento, pero lo que sostuvo la idea primigeniamente fue un sentimiento ancestral, cultivado a través del tiempo, generación tras generación, el nacionalismo.

Este es un ejemplo concreto de cómo los sentimientos determinan el curso de la historia. La pregunta que se impone entonces es: ¿Cómo los sentimientos individuales influyen en este contexto?

Las respuesta no puede ser simple dada su propia complejidad, pero nos adelantamos en decir que una tendencia del pensamiento a través de los sentimientos es, sin duda, la suma de estos sentimientos individuales cuando confluyen.

En marketing se suele monitorear a los consumidores a través de sus sentimientos. La vanidad del individuo es la diana a donde apuntan los publicistas y raras veces fallan. Una frase como “tu vecina se morirá de envidia”, puede hacer la diferencia entre ventas pobres y millonarias. Los especialistas que estudian el compartimento de la sociedad son tomados muy en serio por publicistas, agencias de consejería política, evaluadores  de mercado, instituciones financieras y un sin fin de organizaciones que pretenden conocernos antes que nosotros mismos. Muchas agencias encuestadoras tienen esa misión, la de conocernos mejor, de saber al detalle cuales son nuestras necesidades, nuestras aspiraciones y sobre todo nuestras posibilidades. Somos monitoreados desde los conceptos de moda implantados en nuestro cerebro, llegando incluso a modelar nuestros gustos por los alimentos. Terminamos usando palabras que se ponen de moda y vamos mutilando la riqueza de nuestras lenguas. En este punto, es muy acertado plantear que nos conocen mejor que nadie, y todo esto es gracias a nuestros sentimientos.

También está el hecho de que los sentimientos son inculcables. El odio al enemigo suele ser uno de estos ejemplos de inculcación colectiva. Sobran los ejemplos en donde pueblos enteros han apoyado guerras de las que después han demostrado arrepentimiento. Solo basta publicitar las acciones negativas de aquellos que elegimos como enemigos, para lograr una respuesta colectiva que les repudie, y así dar el primer paso a una agresión. Normalmente las acciones negativas que se publicitan corresponden a sectores aislados de una población, pero a los efectos publicitarios identifican a un colectivo mayor que es al final el que sufre las consecuencias. Las guerras regresan a nuestros escenarios a través de una gran variedad de sentimientos, el odio, el miedo, el fanatismo, la euforia, la prepotencia, la venganza, la ira, el amor

Aun nos queda por aclarar como los sentimientos nos llevaron a estas posiciones civilizadas de la actualidad y del mundo moderno. Pensemos en nuestros primeros homínidos. Ese ser primitivo que intentaba una convivencia dentro de un colectivo social y que al margen de cualquier idea también experimentaba sentimientos. Se supone que este homínido era un ser frio y pragmático. Sus emociones le acompañaban durante su vida, pero jugaban un papel secundario, puesto que sus prioridades eran las de sobrevivir a los inviernos, a las hambrunas, a las enfermedades y a la competencia de otros colectivos humanos. El miedo debió haber sido una constate en sus días más difíciles. En este ser cubierto de pieles y de andar cuidadozo, predominaban los instintos sexuales sobre esos sentimientos  elaborados y que conocemos hoy del amor entre las parejas. 

La envidia pudo haber actuado como elemento regulador en las aportaciones al colectivo. Aquellos individuos que contribuían menos, debieron sufrir la crítica y el repudio de los que aportaban mayor beneficio social. No era una vida fácil, y mas allá de la idea romántica de vivir saludablemente de lo que les aportaba la naturaleza, la realidad es la que nos revelan los restos arqueológicos, y es que morían muy jóvenes. De manera que si se quería llegar a la edad adulta, había que madurar muy rápido y vivir con mucha intensidad. Dicho de otra forma, no había demasiado tiempo para los sentimientos, ellos estaban allí, pero se fueron desarrollando a la par del intelecto, que en aquella época sentaba sus bases.

Los sentimientos impulsaron al hombre a conquistar otras tierras en su deseo de crecer y dar una mejor vida al clan. Le dieron el valor necesario para enfrentarse a animales que podían arrebatarle la vida, con tal de garantizar la alimentación de los suyos. Los sentimientos ayudaron a regular el comportamiento dentro del grupo social, fomentando actitudes que favorecieran la convivencia.

La fuerza, y el conocimiento que se iba acumulando, eran importantes en este avance hacia el futuro, pero sin duda todo estaba apuntalado con sentimientos. Estos contribuían con un impulso extra hacia delante y en la medida en que el hombre crecía, se proveía de lo que más lo diferenciaba del mundo animal, su capacidad de razonar y de sentir.