viernes, 21 de marzo de 2014

Un viaje en el tiempo


(sobre Venezuela)

Era domingo, lo recuerdo muy bien. Para ser más preciso voy a referirme a la noche del 29 de septiembre de 1991. El cómo estuve allí sería muy largo de contar. Siempre he creído que este pasaje merecería más de letras, oraciones y párrafos, pero termino  utilizándolo como un ejemplo para enfatizar alguna historia que desee contar.  Se trataba de la casa del embajador de España en Cuba, un lugar al que personas como yo les hubiera sido imposible visitar en circunstancias normales. Lo cierto es que estaba, nada más y nada menos como un invitado más.

Me sopreprendo yo mismo por la cantidad de recuerdos que han sobrevivido en mi mente de aquellos ciento veinte minutos. Aquella mansión indescriptible, como un idelio soñado y hecho relidad por uno de esos artistas que llaman arquitectos. Mi madre que estaba conmigo, o yo con ella, debería contactar con don Amárelo de Castro, el secretario del Presidente de la Xunta de Galicia, es decir, con el secretario de don José Manuel Fraga Iribarne.

El embajador daba una recepción en su casa para despedir a don Fraga, que había ido a Cuba en representación de los empresarios gallegos para establecer vínculos con la nueva apertura económica que el gobierno cubano estaba divulgando. Para mi madre era la oportunidad ideal para contactar con don Amárelo de Castro, quien debería ayudarla a salir de Cuba, por ser ella española y encontrarse retenida en la Isla en contra de su voluntad. Pero no se preocupen, eso es otra historia.

Lo importante, insisto, es que yo estaba allí. Cuando ya pensábamos marcharnos, después que mi madre contactó con la persona indicada, ocurrió algo que nos paralizó a todos; El Comandante acababa de llegar.

Un operativo impresionante de guardaespaldas irrumpió en la casa del embajador y todos dijeron: «¡llegó Fidel!». Fui arrastrado desde los jardines hasta uno de los salones por una muchedumbre entusiasmada por verlo. El líder había llegado y la corte se desesperaba por reverenciarse; como es debido. No sé como terminé acorralado detrás de un piano de cola, apretujado por dos señoras mayores, cada una con un par de tetas enormes que amenazaban mi cara. No recuerdo a que parte de aquel salón fue a parar mi mamá, pero ella también lo vio. El Comandante paso frente a mí, a la distancia de un piano. Yo tan joven, tan insolente y rebelde, no pude evitar pensar que había tenido al canalla tan cerca, que me hubiera sido imposible errar el tiro. Todos mis pensamientos fueron fulminados cuando una de las pechugonas dijo: «¡Pero, que hombre más lindo!».

No lo entendí entonces, y todavía hoy no lo entiendo.

El 20 de Marzo de 2014, ayer, pasó algo que tampoco entendí y  ahora me cuestino si en lo que me queda de vida tendré la capacidad que me conduzca definitivamente a ese umbral de las comprenciones imposibles. Claro, ahora vivo en la era de las comunicaciones, la de las redes sociales. El mundo pasa frente uno, hasta que casi puedes tocarlo en el frío deshumanizante  de la pantalla de un ordenador. Por supuesto, me refiero a Facebook. Ese lugar en el que te enteras de todo, o casi todo, antes de que sea noticia.

Una de mis amigas virtuales, de esas que nunca he visto, que nunca me ha visto, exactamente del tipo que esta ahí y que tiene algo interesante por lo que decides dejarla por un tiempo, y después más tiempo, hasta que un día dejas de verla aunque esté ahí, plasmó algo que suscitó mi atención. Era otro Comandante.

Su silueta y una de las manos señalando el cielo, quizás al futuro. Puede que ecuestre, pero si gigante, o como le llaman ellos, El Comandante Eterno. ¡Exacto!, me refería a Hugo Chávez. Yo suelo pasar de esas cosas, no solo porque el tema venezolano me duele, casi me martiriza, si no por algo más. Yo detesto profundamente el culto a la personalidad.

Endiosar hombres es una costumbre ignorante, pero ha estado presente en la historia de la humanidad y a definido, muchísimas veces, su destino. Reyes endiosados arrastraron a pueblos enteros a las guerras que los destruyeron. Sembraron el odio, dividieron naciones, pero fueron seguidos y amados ciegamente por sus adeptos. Napoleón Bonaparte, hombre pequeño con complejos de grandeza, arrastró a sus ejércitos, que lo veneraban, hasta un abismo en el que Francia tuvo que humillarse. A Hitler también lo amaban. Las mujeres suspiraban cuando lo veían y muchas se desmayaban. Aquel bigote ridículo que le engurruñaba la boca, la mota de pelo cubriéndole la frente, los discursos violentos, pero sobre todo compulsivos, ¿y ellas?, ellas muriéndose por él.

Pero, si es interesante que otros amen a estas «cosas vivas», más sugestivo se me presenta el que otros amen a estas «cosas muertas».

Hugo Chávez ha muerto físicamente, eso es un hecho. Que lo sigan amando entra en el terreno de las aflicciones emocionales. Se pueden amar las ideas, el recuerdo o lo que este representa, ¿pero amar el cuerpo del muerto en sí? No lo sé. Tal vez cuando aún se conserva, cuando han pasado unos minutos después de la muerte. Puede que no me moleste aquel beso con que el Romeo de los Montesco humedeció los labios de su Julieta, la de los Capuletos. Y todavía sigue pareciéndome una imagen necrófila.

¿Qué les parece, si de pronto, debajo de aquella imagen que les comenté antes, la del Comandante Eterno, van apareciendo los siguientes mensajes?

«que bello, que hermoso, mi amado, me hiciste falta, te extraño»

Y esta es la mejor:

«me causa dos sentimientos y…, porque ya no estás».

Entonces te preguntas: ¿cuál es el otro?

Y yo, con esta imaginación perversa que me permite escribir abominaciones, las veo. Todas disputándose un ataúd, el muerto tirado en el suelo, o dispersado. Se le nota enjuto y los huesos desordenados e inubicables, y ellas subiéndose las faldas dispuestas a conquistar el orgasmo que nunca tuvieron.

Me horrorizo y no puedo pasarlo por alto. Es inevitable que les escriba, y lo hago. Aunque sea difícil creerlo, no quiero herirlos, solo prevenirles, pero es importante que les diga lo irracional que me parece lo que estoy viendo. Me libero.

« Dios mío. Dan miedo. El país dividido en dos, desangrándose, mientras ustedes tienen nostalgias de un muerto»

Dije «nostalgias» para cuidar mis palabras. Inmediatamente comenzaron los insultos, pero lo interesante es la forma en que lo hicieron. La cultura del odio nació de la nada. No habían comprendido. En ese momento lo entendí. No hablaba con hombres y mujeres, más bien con creyentes y creyentas. Acababa de profanar al Dios del sexo y mitológico de su ideología. ¿Ideología?

La lista de intentos de ofensa, supongo que puedan imaginarla. Yo propongo sintetizarla de la manera menos vulgar que sea posible.

Pagado
Mercenario
Terrorista
Imbécil
Estúpido
Agente de la CIA
Homosexual (homofobia patente)

….entre otros

Reconozco que no me lo dijeron exactamente así, pero si realmente desean divertirse, podrán leerlo con exactitud textual, y muy gráfica, al final de este artículo.

Quisiera concluir explicándoles el porqué de el título: «Un viaje en el tiempo»

Decidí llamarlo así por una razón muy simple, hay un desfasaje en el tiempo respecto al modelo que han escogido los que se autodenominan chavistas,  un desliz respecto a la época que están viviendo.

Toda esta manera de actuar, agresiva, viendo imperialismo por todas partes, agentes de la CIA, pagados del imperio, incluso la animadversión hacia los homosexuales al considerar la «palabra» un insulto, la vulgaridad barriobajera, gritar (escribir con mayúsculas), todo eso es un pasado en un país como Cuba, el modelo que supuestamente siguen. Si bien seguimos teniendo una dictadura, los cubanos han evolucionado desde aquellos 70. Incluso hemos visto a un Raúl congraciándose con la comunidad cubana de Miami, protegiendo el aire tibio que llega con las remesas, de los que otrora, ellos mismos, llamaron una vez traidores.

Ellos, los apologistas de la ideología post mórtem chávez, me permitieron viajar a los 70, a los 80 y a los 90 de una Cuba, que para mí era pasado.

(Todo fue posteado en un lugar público, en respuestas dirigidas a mi persona)

Sin más, este singular recuerdo de Facebook:


Haga Clic sobre la primera imagen para ampliación en álbum.





















jueves, 20 de marzo de 2014

Análisis optimista sobre Venezuela

La mayoría de los analistas políticos coinciden en una evidencia cuando se trata de Venezuela, es un país polarizado al extremo. Las dos caras fundamentales de la sociedad están enfrentadas radicalmente. No se trata del clásico careo entre los Demócratas y los Republicanos estadounidenses, o el de los Socialistas y los Populares españoles; dos contextos políticos bien conocidos por los cubanos. En el caso de los venezolanos, el enfrentamiento es radical, porque no hay puntos de coincidencia. Los chavistas persisten en un modelo que durante quince años ha demostrado con creces su inoperancia y los opositores ya no quieren convivir con nada que se parezca a ese modelo social.

Detrás de la resistencia chavista se esconde la nostalgia y la fidelidad a todo pecho por el caudillo muerto; una forma emocional de no traicionar su memoria. Chávez, un poco por su habilidad política y otra por el vulgarismo, cautivo a aquellos que se sentían marginados y les reveló un supuesto camino de venganza contra aquellos que gozaban de un mejor estatus social. Es curioso, pero es obvio que desde las revoluciones más insignes hasta las más decadentes, incluyendo a la Revolución Francesa, siempre estuvieron marcadas por dos elementos, uno objetivo y otro emocional. El primero lo constituye, sin ninguna duda, la injusticia y la excesiva pobreza. El segundo, no se sorprenda usted, es la envidia.

El chavismo ha convencido a sus adeptos de que los problemas del país son culpa de una vieja oligarquía, que no quiere ceder ante el arrollador avance de una sociedad socialista. En ésta, el Estado asume todo el roll de las competencias individuales y determina, de manera fulminante, en el destino de las cosas y de las gentes, sin apelativos y sin peros. Sin embargo, la realidad es que una oligarquía es sustituida paulatinamente por otra; la nueva oligarquía bolivariana. En ese argumento, de acuerdo a las innumerables definiciones de Fascismo, incluida la de los marxistas, el gobierno venezolano de la actualidad se presenta y se define de manera muy cercana a este axioma.

El fascismo crea las premisas para incorporar a sectores muy extensos de las masas a la lucha a causa de la privación absoluta de derechos, poniendo de manifiesto la identidad de intereses entre la democracia y la revolución socialista.

Extraído de: «Fascismo en base al análisis de clases del Fascismo».

En el caso de la oposición venezolana, esta vez acorralada y marginada respecto a las instituciones del Estado, hay un claro sentido de la supervivencia. Ha comprendido, después de varios años de enfrentamientos con el muro de la inmunidad político-chavista, que el diálogo sujeto a los guiones del gobierno terminan siendo monólogos en los que les queda muy poco margen para decir algo. Esto lo vemos en el congreso de los diputados, donde Diosdado Cabello, ha asumido perfectamente su papel de policía de la democracia. Silencia a la oposición, con insultos, amenazas, desconectando micrófonos e incitando a la violencia física. Su papel preferentemente debería ser apolítico, como ocurre en el mundo de la democracia más respetable. Este acérrimo chavista no disimula su intención de jugar un papel oficial, trascendiendo y sobrepasando sus obligaciones, puesto que su única responsabilidad, real y constitucional, es la de regular las intervenciones de los diputados de manera justa y equilibrada. Esta es la trama básica y esencial de la política actual en Venezuela, pero hay un elemento indeseado para el gobierno que la está cambiando.

Se trata de una guillotina creada a la medida de las circunstancias; el deterioro económico. Todas las revoluciones de izquierda se han caracterizado por incurrir en tres sucesiones de eventos fundamentales:

1- Control absoluto de las instituciones.
2- Promover justicia social por medio de bienes no creados por el Estado, es decir, expropiando a terceros.
3- Una incapacidad inherente para restablecer esos bienes, o crearlos.

Venezuela está tropezándose en estos momentos con el último de los incisos. Y en este sentido comienzan a definirse algunos elementos. En primer término el desabastecimiento. Por si a alguien les recuerda algo, es exactamente lo que ocurrió en Cuba y la justificación que encontraron por aquel entonces fue fielmente la misma: «el acaparamiento intencional para generar el caos y el descontento social». Así nació la libreta de abastecimiento y ya sabemos los malabares que tuvieron que seguir haciendo las familias cubanas, y que continúan haciendo, para solucionar sus problemas alimentarios y demás avituallamientos.

El problema es que en el caso de Venezuela esta justificación tiene un problema. Se trata del país con mayores reservas de petróleo del Planeta y uno de los mayores exportadores de crudo a nivel internacional, lo que técnicamente debería convertirlo en uno de los países con mayor Producto Interno Bruto (PIB) y por tanto podría hacer gala de elevadísimos índices de bienestar social.

Si habláramos de ineficiencia económica, aun en ese caso, no debería existir tal desabastecimiento, así que como ya todos sospechan, en el caldero de las dudas queda algo más.

Ya son bien conocidos los múltiples escándalos de corrupción en PDVSA, la mayor entidad venezolana que gestiona la explotación y exportación de petróleo, y que esta vinculada directamente a la misma gestión del gobierno. Sus directivos son puestos a dedo por el mismo presidente y sus afines más cercanos, todo esto sin contar la mano oculta que mueve los hilos desde la Habana. Ya no son pocos los gobiernos de América Latina que han recibido dinero constante y sonante de manos del gobierno chavista. Escándalos de maletas repletas de dinero en valijas militares y diplomáticas, campañas electorales completamente subvencionadas, y prestamos de dinero petro-venezolano sin intereses y  a largo plazo.

Mientras, Venezuela necesita abastecerse y ha recurrido a todo tipo de gestión, casi siempre poco ortodoxa con tal de lograrlo. Más recientemente el escándalo de corrupción, que devino en una deuda de mas 500 000 millones dólares que se debían a los comerciantes panameños. «El gobierno fija los precios en una arenca populista que pretende disimular su inoperancia productiva y en ese desbalance los comerciantes venezolanos no pueden pagar su deuda a los de Panamá. Así la mesa de lo que está en camino queda servida, Panamá detiene sus suministros a Venezuela, más desabastecimiento y esta vez con muy pocas posibilidades de poder invertir el proceso.

Las palabras triunfantes, soberbias y amenazantes contra «el imperio que pretende intimidarlos y rendirlos por hambre» suenan bien en la Tele, pero en los hogares las tripas crean un sonido diferente que no entienden en el Palacio de Miraflores. La «dignidad» de los que no sufren el problema, comienza a parecer poco creíble. Lo de siempre. Lo mismo antes del chavismo y ahora con el chavismo, pero con una diferencia distintiva: «Ya no hay pan con que cerrarle la boca a los que cambian de opinión».

En ese contexto se debate Venezuela. Una vez más la izquierda dura, la buenita y del pueblo, no tarda en sacar las uñas. No se mide en tachar de fascistas a quienes ya no siguen su comparsa de iguales todos, iguales en esta desgracia. En mi país diríase que están aplicando eso de: «di puta antes de que te lo digan», pero eso es lo menos importante.

Las justificaciones cada vez son menos creíbles y repetitivas, pero las soluciones son inefectivas. El discurso tiende a aburrir y la mesa, una vez más, está vacía. Y como el país se deshace, sumándose a la debacle cubana sin estar invitados oficialmente, cosas pasan. O quizás, es mejor decir: «o se suma o se enfrenta».

Aquí dejo esta forma optimista de ver el problema, porque quizás muy pronto estos inoperantes tengan que sacar algún provecho de su lealtad a los Castros. Puede que alguno de ellos termine en la Habana detrás de un escritorio, llorando la grandeza que ostentaron una vez y que perdieron por su incompetencia arrogante y su locuaz estupidez.

jueves, 9 de enero de 2014

Incongruencias actuales de la Ley de Ajuste Cubano


Resumen de los Antecedentes

Primeros días de la emigratión en la
Etapa Revolucionaria, 1959
Desde los inicios de la Revolución Cubana la emigración de nacionales hacia los Estados Unidos fue un inconveniente que tuvo que enfrentar el Gobierno de la Isla. Los primeros cubanos que decidieron abandonar el país pudieron hacerlo de la manera más simple, acudiendo a un aeropuerto con su pasaporte visado, con el billete conveniente y abordando un avión que aterrizaría posteriormente en algún lugar del basto país. Pero este fenómeno no solo representaba  una imagen negativa para el la Revolución, sino que suponía aceptar que los más preparados (médicos, ingenieros y todo tipo de profesionales) escaparan en la avalancha y se produjera un vacío  tecnológico, científico y cultural difícil de sustituir. La nueva administración del país reaccionó con rapidez y comenzó a poner trabas migratorias. Entre éstas destacaba la de castigar con trabajos forzados, al menos durante un año, a los que pretendían abandonar el naciente Estado Revolucionario. Una de las regulaciones más ridículas fue la de decomisar toda pertenencía de valor a los cubanos (relojes, anillos de compromiso, etc.), llegando incluso al ridículo de establecer el límite de siete prendas interiores en la valija del pasajero. Las anécdotas de aquellos primeros emigrantes de la Revolución son realmente espeluznantes. 

A pesar de estas y otras medidas de contención, la emigración legal e ilegal no cesaba. Los cubanos que habían logrado abandonar el país comenzaron a acusar al gobierno cubano de someter a torturas de todo tipo a quienes por alguna razón tomaban la decisión de «traicionar a la Revolución». 

El siguiente fragmento está tomado del discurso de Fidel Castro en su Resumen de:

«Los Actos del V Aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución, el 28 de Septiembre de 1965» 
…No somos nosotros los que nos oponemos a que los que se quieran marchar se marchen, sino los imperialistas. Y puesto que esto es así, nosotros incluso estamos dispuestos a habilitar un puertecito en algún lugar para que todos los que tienen parientes aquí no tengan que correr ningún riesgo, no tengan que exponer a sus familiares a riesgos de ningún tipo. Podríamos habilitar, digamos —por ejemplo—, el puerto de Camarioca, en Matanzas, que es uno de los puntos más próximos, para que todo el que tenga algún pariente le damos permiso para venir en el barco, sea quien sea, con todas las garantías, avisando con tiempo por correspondencia. Y si no puede, que se dirija entonces, la correspondencia la pueden dirigir al Ministerio del Interior, sí, para que tenga todas las garantías; y si quieren, 48 horas de permanencia en el puertecito, para que una vez allí les avisen a los familiares que los vienen a buscar y se los lleven por un medio seguro…

Emigrantes de Camarioca, 1965
Por esta razón, el 28 de Septiembre de 1965, en este mismo discurso, que dejó patentado que la palabra de Fidel Castro era la Ley, el Gobierno Cubano abrió el puerto de Camarioca y ofreció facilidades logísticas que permitían a los cubanos residentes en los EEUU recoger a sus familiares y amigos. Ante este paso, el Gobierno Estadounidense comenzó a negociar con el Gobierno Cubano un pacto migratorio que culminó el 6 de noviembre de 1965, cuando se firmó el «Acuerdo entre Cuba y Estados Unidos de noviembre de 1965» en donde se establecen las pautas migratorias entre ambos países. Sin embargo, existía un vacío legal para los cubanos que llegaron antes de esa fecha a los EEUU y como consecuencia, después de varias acrobacias políticas, los cubanos lograron que el Congreso de Los Estados Unidos aprobara el 2 de noviembre de 1966 la «Ley 89-732, The Cuban Adjustment Act». Ésta estaba destinada a regular la estancia de emigrantes cubanos refugiados en ese país, de antes y después, de las avalanchas migratorias de cubanos.

Con esta Ley, «toda persona nacida en Cuba, su cónyuge o hijos menores de 21 años, eran elegibles para obtener la residencia permanente en los EEUU después de permanecer físicamente en el país por un año», siempre que cumplieran con un grupo de requisitos que ofrecemos a continuación.

1. Probar que es nacional o ciudadano de Cuba.
2. Haber entrado legalmente a Estados Unidos.
3. Haber estado físicamente en Estados Unidos durante un año.
4. No tener impedimentos por cargos criminales u otras razones que rindan a la persona inadmisible a Estados Unidos, como haber participado en persecuciones de individuos por motivos de sexo, nacionalidad, ideales políticos, o por pertenecer a grupos específicos, etc.).

Desarrollo del fenómeno migratorio cubano

Sucesivamente, esta Ley sufriría pequeñas modificaciones que permitiría a los cubanos obtener su estatus de legalidad en EEUU, aún en el caso en que no se superara el requisito número dos. La explicación a este hecho estaba muy bien justificada desde el punto de vista humanitario; el gobierno cubano seguía persiguiendo a quienes decidían «traicionar» a la Patria y además tenía el poder de decretar quien o quienes tenían el derecho a viajar, en este caso, a abandonar el país. La combinación de: «represión gubernamental cubana» con “apertura estadounidense”, provocó que nuevamente sucedieran en la Isla todo tipo de salidas ilegales que seguían poniendo a Cuba en la comidilla internacional. «¿Si la Revolución Cubana es tan maravillosa, porque sus ciudadanos prefieren morir en el Estrecho de la Florida a seguir en ella?»

Desafortunadamente el Gobierno de EEUU no ha sabido atenerse al requisito tres, puesto que ha permitido que muchos de los que otrora persigueron a sus compatriotas en la Isla por razones políticas o religiosas, hoy recidan tranquilamente en ese país.

Ésto derivaba en una inconveniencia con que el Gobierno Revolucionario convivía de muy mala gana. La realidad era apabullante; Cuba no era atractiva para sus nacionales. La represión y las carencias en las que vivían los ciudadanos de la Isla eran una bomba de tiempo que explotaría en algún momento y ese día resultó ser el 5 de abril de 1980. 

Esa mañana, más de diez mil ciudadanos cubanos penetraron en la Embajada de Perú en La Habana, después de que el gobierno retirara su custodia. Horas antes un autobús arremetió contra la embajada y en el suceso murió uno de los guardias que la custodiaban. La embajada se vio desbordada por miles de cubanos solicitando asilo diplomático, con el objetivo de abandonar el país a toda costa. El Gobierno Cubano, comprendió rápidamente el descredito que representaba la nueva situación y se apresuró en tachar a los «traidores» como «escoria social y lumpes».

Fragmento del Discurso del Acto Conmemorativo del Primero de Mayo, el 1º de Mayo de 1980.

…¡Ese, ese es este pueblo, no los lumpens que quieren presentar como imagen del mismo, no la escoria que se alojó en la embajada de Perú!...Eso fue lo que más ofendió al pueblo…

Un día después de estos sucesos, los funcionarios militares del gobierno comenzaron a tocar en las puertas de los delincuentes más conocidos del país y los incitaron abandonarlo. Recuerdo como un familiar contaba orgulloso a mi padre como le tocó la puerta a un tal Ricardito el Carnicero y le dijo: «recoge tus cosas que te vas. Si te quedas ya sabes que la cárcel se está quedando vacía y va a haber mucho espacio para delincuentes como tú». En efecto, el Gobierno también abrió las cárceles y les dio la opción a los reos de quedarse en el país o abandonarlo. La elección lógica siempre sería la segunda y con esta trastada se intentaba desacreditar nuevamente a los “traidores”, y en alguna medida lo conseguía. 

Éxodo del Mariel, 1980
Pero este descrédito moral no fue el ataque más cruel que sufrieron los protagonistas de aquel estallido que terminó en la irrupción en las Embajadas del Perú, y seguidamente la de Venezuela. Lo que más perdura en el recuerdo de las víctimas fueron los ataques físicos. Apedreados, pateaduras, violaciones de domicilio y físicas, en plena calle, a la vista de todos y con la complicidad de los agentes del orden. Hay una gran cantidad de filmaciones ilegales que hoy prueban estas acciones. Los exiliados en las embajadas fueron apedreados a pesar de que cientos de niños permanecían en su interior. Se les condenó a vivir por varios días en condiciones de hacinamiento, llegando al límite de cortarles el suministro de fluido eléctrico y de agua. Fueron momentos en que incluso muchos comunistas sintieron vergüenza de lo que ocurría y se acurrucaron en sus casas, pero siempre autoreprimiéndose para no expresar su desacuerdo con la barbarie.

El Gobierno Cubano cerró la partida abriendo el Puerto de el Mariel. Nuevamente ofrecía colaboración logística para que los residentes cubanos de EEUU recogieran a sus familiares y amigos de la Isla, pero esta vez tendrían que aceptar entre sus pasajeros a los verdaderos antisociales, que siempre fueron una minoría irrisoria comparada con los trabajadores y los intelectuales cubanos que aprovecharon también la oportunidad. 

Ciento treinta y ocho mil cubanos abandonaron la nación en lo que se conoce hoy como el «Éxodo del Mariel». En un país como Cuba representaba que el 1.13 porciento de su población abandonaba la nación en unos días. Esto significó, que a pesar de todos los esfuerzos que el gobierno cubano invirtió para enmascarar sus problemas internos, la Revolución Cubana se desacreditaba cada vez más.

Después de la tempestad vino la calma. Washington viendo que sería imposible detener la avalancha de cubanos hacía la Florida y previendo gastos extraordinarios para su país, volvió negociar con La Habana.


Víctimas (mortales) del
Hundimineto del Remolcador
13 de Marzo, Julio 1984.
(faltan cuatro)
El 13 de Julio de 1984 un grupo de cubanos secuestraron el «Remolcador 13 de Marzo» y el Gobierno Cubano decidió darles una lección ejemplarizante. Cuatro embarcaciones equipadas con mangueras de agua a presión embistieron al viejo navío que huía de la Isla con su carga de 72 personas. El saldo resultante de 41 muertos, incluyendo 10 menores de edad, provocó escalofríos en la conciencia de los cubanos, tanto fuera y dentro del país, y dejaba patente cuan lejos estaba dispuesta a llegar La Revolución cuando se trata de su “prestigio”. La Opinión Pública Internacional volvió a poner en tela de juicio al gobierno de la Isla, pero hábilmente este volvió a dar pista libre a las salidas ilegales, creándole a una vez más un problema logístico a las autoridades migratorias estadounidenses.
El Gobierno hace de la vista gorta.
Manifestación y apoyo a Balseros que van rumbo
al Melecón habanero, para echarse a la mar.
En unos pocos días, con la esperanza de tocar tierra en la Florida o ser recogidos en alta mar por el servicio de guarda fronteras estadunidense, miles de cubanos se lanzaron al mar con embarcaciones improvisadas. Washington, recordando la terrible experiencia del Mariel, decidió desviar este nuevo flujo migratorio hasta su Base Naval de Guantánamo, para procesar a los cubanos huidos del país y evaluar la situación de cada uno de ellos antes de permitirles entrar en su territorio continental. El gobierno de Cuba habría nuevamente las válvulas de la presión interna pero esta vez a medias.

No era exactamente lo que esperaban aquellos cubanos, que ansiaban llegar sin problemas a los EEUU y recibir con rapidez algún estatus migratorio. Esta vez las noticias llegaron a la Isla y producían un desanimo inmenso en muchos de sus ciudadanos.

Manifestación expontánea, Agosto de 1984.
Pero no fue hasta Agosto de ese mismo año en que el caldero de las inconformidades y la desesperación volvió a estallar.

Miembors policiales y paramilitares
deteniendo y apeleando a un manifestante,
Agosto de 1984.
El 5 de Agosto miles de cubanos desbordaron varias áreas de Centro Habana en las proximidades del Malecón. Los gritos de «Libertad» colonizaron por un buen tiempo las avenidas. Esta vez la respuesta fue totalmente militarizada aunque el gobierno hábilmente introdujo las conocidas «Brigadas de Respuesta Rápida» en el ceno del conflicto. En menos de dos días logró fragmentar las manifestaciones espontáneas, hasta que ya no existieron. Las salidas ilegales continuaron sucediéndose, pero en menor grado gracias a que Washington volvió a reconsiderar la situación. 

Balsero Cubano
Corriendo para pisar tierra
Ley Pies Secos - Pies Mojados.
Mucho después, en 1995, durante el gobierno de Bill Clinton, se modificó la Ley de Ajuste Cubano, con la introducción de los conceptos «pies secos» y «pies mojados». Aquellos cubanos que lograran pisar el territorio de los EEUU podrían tomar ventaja de la Ley, los que no serían repatriados a la Isla. Una medida paralela fue la de reforzar los servicios de guarda frontera en el Estrecho de la Florida. Como resultado de esta modificación disminuyeron las salidas ilegales por mar desde Cuba, se descongestionó la Base Naval de Guantánamo y aumentaron las entradas a los EEUU a través de terceros países. Este fenómeno favoreció el surgimiento de mafias de tráfico humano desde la Isla a terceros países o directamente a algún Aeropuerto Internacional de los EEUU. La frontera con México, registró un incremento del 22% de cubanos procesados para el «Parolle» (el paso previo al  Permiso de Residencia) y en menos de tres años desde 1996. (Este porciento a aumentado aunque no se conoce la cantidad).

No es difícil comprender, y a pesar de que se trata de una isla rodeada de agua, que la emigración cubana hacia los EEUU es indetenible. Ya desde 1997 comenzó a notarse un cambio de mentalidad en los gobernantes cubanos respecto a esa emigración. Los que antes eran unos traidores, ahora renacían como la bendición que garantizaba un influjo de remesas que no podían darse el lujo de despreciar. No fue un proceso instantáneo, porque comenzó a fraguarse desde mucho antes, probablemente desde la misma época del Éxodo del Mariel. 

El Gobierno Cubano aprendía dos cosas:

a) Cuando hay problemas hay que fomentar las salidas. (Abrir la válvula).
b) Los emigrantes garantizan una buena tajada de divisas para el país.


Situación actual

Con la llegada de Raúl Castro al poder, dentro de las cúpulas del gobierno comenzaron a notarse cambios en los conceptos migratorios. El nuevo mandatario iba a dar un giro total a la emigración cubana y hay que reconocer que muy pocos se lo esperaban. El 16 de octubre de 2012, anunció una reforma migratoria que pondría fin al indecoroso permiso de salida o «Carta Blanca» que daba al Gobierno el veto de permitir a un nacional salir o no, y por cualquier razón, del país. Tampoco serían expropiados aquellos cubanos que decidieran residir en el extranjero por determinado tiempo, siempre que pagasen ciertos gravámenes en sus respectivos consulados y lo declararan con anterioridad. La Ley deja algunos resquicios abiertos en donde el gobierno cubano podría atribuirse el derecho de vetar estas salidas, pero la realidad es que muchos disidentes, algo que parecía improbable, han experimentado por primera vez el derecho a viajar. Solo en el caso de los profesionales de la Salud y la Ciencia, el Gobierno continua manteniendo un cerco muy cerrado en cuanto a este derecho.
Yoanis Sánchez (reconocida disidente cubana)
Finalmente puede viajar.

A partir de este hecho no es difícil llegar a la conclusión de que el Gobierno Cubano está apostando por la política de: «Válvulas Abiertas» y la de «Reevaluación de los Emigrantes Cubanos». En este último punto hasta hemos sentido un coqueteo muy sínico con declaraciones muy contradictorias cuando las comparamos con las de su hermano Fidel Castro, como que la mayoría de los cubanos emigran por razones estrictamente económicas.

La pregunta que surge al respecto es: Hasta que punto sigue justificándose la Ley de Ajuste Cubano. ¿Si los cubanos pueden viajar sin restricciones y ya existe una reforma migratoria, no debería el Gobierno de los Estados Unidos hacer también una nueva reforma de la Ley 89-732? Tal vez debería ofrecer esta ventaja solamente a aquellos ciudadanos cubanos que formen parte de esos grupos excluidos por el gobierno de Cuba en cuanto al derecho a viajar, como es el caso de los profesionales de la Salud y la Ciencia. Este es un punto inconcluso que prefiero dejar sobre la mesa. 

La emigración de los cubanos seguirá mientras exista un espacio disponible, una brecha por donde conquistar un poco más de libertad o alguna ventaja económica. Este comportamiento de emigrar para mejorar, es humano y forma parte de la historia de la humanidad, pero en el caso de los cubanos hay un matiz político, que si bien no se ha debilitado, ha cambiado.

Resulta curioso como el Gobierno Cubano sigue ignorando la decisión de muchos compatriotas de hacerse ciudadanos de otros países, obligándolos a usar el pasaporte cubano para entrar en la Isla. A pesar de que es una ambigüedad en la misma Constitución del Estado Socialista de la República de Cuba, los cubanos con pasaporte extranjero siguen en desventaja frente a los extranjeros que viajan a Cuba, puesto que en realidad Cuba no reconoce otra ciudadanía que no sea la cubana para sus nacidos en la Isla, salvo una excepción que esta muy bien aclarada en la Ley. Para hacer más complejo este análisis, tenemos que los EEUU considera que los cubanos que ostentan esas otras nacionalidades, no tienen derecho a la Ley de Ajuste Cubano. Muchos cubanos-españoles, con la intensión de ser favorecidos por la Ley de Ajuste Cubano, se han visto precisados a ocultar su ciudadanía española en el momento de su entrada a los Estados Unidos. 


¿Estados Unidos se reusará a cerrar la válvula que con tanta procacidad Raúl Castro abrió de par en par?