Control

miércoles, 8 de mayo de 2013

La Ola, dirigida por Denis Gansel (2008)


Es solo una película, pero está basada en hechos reales. Estos sucedieron en 1968, Palo Alto, California. En muy poco tiempo chicos y inconformes e insatisfechos con la sociedad y su vida, ayudados por ese ego juvenil de la híper-autovaloración y la tendencia a la pertenencia a un grupo, se vieron envueltos en un experimento que  hizo meditar a la opinión pública de la época. En aquellos momentos, muchos se quedaron perplejos de lo fácil que podemos ser manipulados y llevados a los extremos. La historia está adaptada a la sociedad alemana actual (2008), que es uno de los entornos sociales que, según los críticos, sería menos vulnerable a este tipo de manipulación. Este criterio viene acorde a la historia, cuasi reciente, del holocausto nazi, que llevó al pueblo alemán a la vergüenza y a la ruina durante los primeros diez años de la postguerra. Las secuelas del engendro nazi, todavía es capaz de marcar a las recientes generaciones de alemanes, pero ¿que pasará cuando el tiempo los aleje lo suficiente para olvidar lo sucedido? ¿Serán capaces de repetir el pasado? La adhesión al grupo que lleva la fuerza, que es capaz de organizase y distinguirse del resto y que promete algo a cambio de ceder el individualismo, es cautivadora. Esta transición ocurre por causa de la fragilidad de los individuos ante el miedo, interpretaciones erradas de las causas de los problemas y sus soluciones radicales y excluyentes. Básicamente ocurre por convencimiento racional combinado con frustraciones personales. Así podemos canalizar nuestros problemas por la primera vía que aparezca y que nos supongamos sólida, segura. “La Ola” es una película alemana. El título original es Die Welle y en materia de sociología es un material imprescindible. Recomiendo este Film del talentoso director Denis Gansel y su discusión en grupos de amigos, u estudiantes en su caso. Sobre este tema, el de las autocracias, ya han trabajado anteriormente otros directores, pero quizás la estrella es la novela “1984”, más conocida como “Big Brother”, del genial escritor norteamericano, George Orwell. Esta novela ha sido llevada la cine y la televisión en múltiples oportunidades. Disfruten de “La Ola” y no dejen que los arrastre.


Puede ser vista en un mejor formato, en YouTube, haciendo clic aquí.

jueves, 25 de abril de 2013

Fusión de Banderas. ¿Cual será el diseño final?


Una nota simple.

Verán abajo la imagen de un diseño muy atractivo donde se fusionan dos banderas, la de Venezuela y la de Cuba. Fue extraído de una página oficial del gobierno de Isla, Televisión Camagüey. Probablemente puedan encontrarlo en otros lugares, pero allí es donde yo lo vi.

Muy buen diseño, no está de más aceptarlo. Mi suspicacia me ha llevado a interpretar un detalle, y no es necesario que tengan que compartir mi opinión, pero yo quería dejarlo en mi Blog como una curiosidad histórica.

Noten como la dinámica lleva a inducir que las otras estrellas de la bandera venezolana van a parar directamente a la cubana. Entran sin más. Detalle reforzado porque la propia estrella de la bandera cubana en más grande, ¿más influyente? Yo lo veo como si la “soberanía cubana” acaparara a las otras soberanías. Durante años hemos oído que la “estrella solitaria” representa la soberanía de nuestro pueblo. Pero en ese diseño ya no pulula tan solitaria, aunque si preponderante y adsorbente.

¡Interesante!, ¿verdad?

miércoles, 6 de marzo de 2013

Consternación y dudas después del anuncio de Nicolás Maduro por la Muerte del líder venezolano Hugo Chávez Frías.



Foto falsa que se anticipó a la muerte de Hugo Chavez,
difundida a travez de Twitter
Hace poco más de dos años pudimos ver las muestras de dolor, cuasi histéricas, del pueblo de Corea del Norte inmediatamente después de ser anunciada la muerte de su líder Kim Jong-il. En aquella  ocasión el mundo se sorprendió una vez más, hombres y mujeres emitían sus llantos, cual gemidos teatrales de corte asiático, o eso nos parecían. El llanto era disciplinado y efusivo, transcendiendo el incienso que sobrevolaba la península coreana, más arriba del paralelo 38.

Ahora, nuevamente el llanto, esta vez reconocible por mi, o por mi legado cultural, no tan disciplinado ni organizado, pero siempre el mismo, el fanatismo absoluto al líder. Sí, Chávez era muy querido por una fracción muy significativa de su pueblo, que veía en él, el mesías que acabaría con los ricos, con la oligarquía como él mismo prefería llamarles.

En tanto, iba surgiendo una nueva clase con poder, que aparentemente representaba al pueblo, pero que casualmente tenía los mismos gustos occidentales que esa otra que poco a poco iba suplantándose.

No podemos olvidar que se trata de un país con uno de los recursos más apreciados de nuestra era, el petrolero. Ese recurso, nacionalizado y administrado por su gobierno le permitió maniobrar, siempre de manera muy generosa, en los países de su entorno latinoamericano. Unas veces para favorecer a sus aliados y otras para atacar a los enemigos que él elegía como tales.

Hombre de lenguaje vulgar, que recordaba con toda intención su poca cultura y carencias académicas, pero que sabía bien como usar su talento vociferador. Con esa idoneidad lograba atraer al público mayoritario de Venezuela,  que llevaba sufriendo durante décadas, bajo las palabras ilustres de otros gobernantes instruidos, el defalco.  Así fue como Venezuela entró en el siclo de las revoluciones de izquierdas, caracterizadas siempre por la perpetuidad y la putrefacción de sus dirigentes en el poder. ¿Cuánto tiempo hubiera gobernado Chávez si ese “cáncer imperialista” no le hubiera atacado? No lo sabremos, pero todo apunta a  que sería tan longevo en su poder como lo fue su maestro, sus propias palabras  cuando se refiere a su Comandante, Fidel Castro.

Pero la pregunta que ahora interesa es otra. ¿Qué va a pasar con Venezuela? ¿Habrán elecciones? Es probable que si. Siempre que la Habana se vuelva a sentir segura, las habrá. Es obvio que la capital cubana tiene una influencia profunda sobre Caracas y de acuerdo a esta misma proyección, Venezuela ha estado navegando con entusiasmo por la política de su región.

Chávez era un auténtico fanfarrón antiimperialista, pidiendo a gritos el reconocimiento de ser el objetivo malévolo de un país poderoso, al que el mundo ha odiado siempre de acuerdo a la moda progre. Su problema era otro, el del protagonismo, el de no tener que compartir el escenario. El gran líder exigía sin ocultarlo todas las cámaras frente a él, y mostrando al mundo la mejor de sus caras. De ahí, que cuanto más lo ignoraba el enemigo, más se exaltaba, más se remordía.  Los Estados Unidos no le hacían el caso suficiente, al menos tanto como él hubiera deseado. Mientras Venezuela cumpliera sus acuerdos económicos, bueno para el Imperio y bueno para la República Bolivariana, y esa era la realidad que no podía aceptar.

Herido y despechado por su la intrascendencia en las preocupaciones de occidente, insistió en su insolencia hasta que el plató fue solo para él.  Es de suponer que su maestro, enamorado del discípulo, hizo una buena parte del trabajo.

Hugo Chávez financió campañas en Argentina y en Bolivia, y hasta la fecha ha procurado que las calles de La Habana se mantengan más o menos iluminadas.  Nadie duda la importancia que tiene su actuación dentro América Latina y la influencia que ha suscitado dentro de la izquierda más rancia de Europa, pero esto también ha tenido un precio muy alto para Venezuela.

Fuentes AFP y Transparecia Internacional
 La decadencia económica del país hoy es más palpable. Supermercados desabastecidos, alto precio del combustible, además de ser el país más corrupto del hemisferio, después de Haití según el informe del 2011 de Transparencia Internacional, y una inseguridad ciudadana sin precedentes históricos. Ese es el país que deja Chávez, pero por si fuera poco se trata de un país dividido.

El pueblo venezolano no va en su conjunto hacia una misma dirección. Los preceptos para la recuperación económica están totalmente encontrados y se disputan abiertamente el derecho o no a la prevalencia de la propiedad privada. Chávez era ese individuo barriobajero que intervenía viviendas y locales y las repartía a dedo, mientras Televisa o el Canal Sur daban a conocer el espectáculo. Allí estaba Chávez, siempre vulgar, pero elocuente, autócrata, pero de pueblo, allí estaba para adueñarse de los escenarios.

La suerte de Venezuela es incierta, pero es evidente que la muerte del mandatario, además del mito que se auto-procura, también dará una nueva oportunidad de rectificar sus errores. No es posible vaticinar el futuro con tantas divisiones y tendencias diferentes. Soy pesimista, pero a pesar de ello tengo una leve esperanza de que su muerte de al traste con un nuevo amanecer para los venezolanos.

viernes, 25 de enero de 2013

En busca de la sociedad perfecta. (Normas de Convivencia)


¿Cómo establecer las normas de Convivencia? Partiendo de que cada individuo posee sus propias prioridades y que este concepto podría ser tan versátil como la variabilidad del pensamiento humano, no es posible establecer una definición exacta. Aun así queremos arriesgarnos, y para ello pasaremos por alto el deseo de un asesino de que no existan leyes que lo condenen, o el anhelo de muchos jóvenes a consumir drogas sin ser perseguidos por ello. Hagamos un consenso en este sentido y ubiquémonos en todo lo que quepa dentro del sentido común más universal, que son las normas de convivencia.

Hay muchos intentos que se refieren a estas normas. El más conocido son los diez mandamiento, que aquella tarde bíblica del heroico Abrahán, este se las trajo consigo del Monte Sinaí. La historia cuenta que el pastor subió al monte y permaneció allí cuarenta días con sus cuarenta noches, y que en este tiempo de meditación tuvo un intercambio con Dios. Los mandamientos le fueron entregados en dos lajas de piedras, en las que estaban escritas, en arameo antiguo, las leyes que servirían de base a la mayoría de las constituciones de las sociedades modernas. Estos son los mandamientos:

1.            Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2.            No pronunciarás el nombre de Dios en vano.
3.            Santificarás las fiestas.
4.            Honrarás a tu padre y a tu madre.
5.            No matarás.
6.            No cometerás actos impuros.
7.            No robarás.
8.            No dirás falsos testimonios ni mentirás.
9.            No consentirás pensamientos o deseos impuros.
10.        No codiciarás los bienes ajenos.

Los tres primeros, como podrán entender, tienen un carácter estrictamente religioso y comprometedor. Dios sabía lo importante que era que los hombres se implicaran con Él y les fueran leales, ¿sino, porque seguirían al pie de la letra los siguientes siete mandamientos?

A simple vista esos otros siete son normas estrictas de convivencia.

Diríase que el cuarto mandamiento exhorta al respeto de nuestros mayores, al agradecimiento a quienes se han sacrificado por nosotros, a valorar la experiencia que han acumulado durante su vida, a cuidar de los que, por decadencia biológica, se hacen poco a poco más vulnerables.

El quinto, es simple y directo. Matar va en contra de nuestra supervivencia, e incluso, en la naturaleza son muy pocos los casos de asesinatos entre especies similares. Algo en nuestro instinto nos dice que matar es solo aplicable a casos muy extremos y con ello Dios intentaba protegernos de nosotros mismos. Podría suponerse que conspiraba con la Naturaleza en su pretensión de proteger a si especie predilecta.

El sexto y el noveno están muy relacionados. El sexto se refiere a la acción de cometer actos impuros y el noveno se refiera a la intención de pensar, maquinar, estos mismos actos. En este punto también fue necesaria una lista de “actos impuros”, pero no nos ocuparemos de ello en este artículo. Solo decir que el concepto de “actos impuros” ha ido variando mucho en las diferentes sociedades que aparecieron en el camino del hombre por su historia.

El séptimo, como es fácil ver, va encaminado a la protección de la propiedad individual y colectiva, lograda con el esfuerzo de quienes tendrán el derecho a disfrutarla. Una forma de decir: “si deseas algo material, trabaja y esfuérzate por conseguirlo, pero respetando el trabajo y el derecho de los demás”. Ahora vendrá el listo y sentenciara que: “robar también requiere de un esfuerzo”, pero este nunca será superior al del trabajo y la superación individual.

El octavo mandamiento es un poco más complejo, porque impone determinar una “importancia en un contexto”. ¿Que queremos decir con esto? Aparentemente mentir no genera daño o discordia social, pero esto es solo en apariencias. Esto puede presentarse en diferentes contextos, desde la mentira doméstica, un poco más privada, a la mentira que involucre a intereses más generales, la mentira de ámbito social. En ambos casos puede tener consecuencias negativas en las relaciones, pero por poner un ejemplo muy simple podríamos referirnos al presidente de un país. Cuando este miente a sus ciudadanos, puede implicar consecuencias políticas y económicas negativas para una nación entera, si es que no llegan a tener alcances más globales. Tal vez Dios se dio cuenta muy temprano de sería el arma perfecta para dominar a las masas, para idear guerras o para alcanzar riquezas inmerecidas. Las mentiras, son más malas de acuerdo al perjuicio que ocasione a los demás, pero en cualquier caso siempre causarán algún daño.

Y llegamos al último mandamiento, al decimo. “No codiciarás los bienes ajenos”. Observen como Dios hace una especificación importante, la de “el bien ajeno”. Se está reforzando el mandamiento siete de “no robarás”, como mismo se reforzó el mandamiento seis con el nueve. El primer caso implica la acción, la ejecución, el acto en si, y el segundo es el pensamiento, la cavilación, el planeamiento. Es obvio, tomar lo de otros es negativo, pero desearlo también lo es. Sin embargo, tal parece que la codicia cuando no están implicados los “bienes ajenos”, no es un problema. Si, el sabio que escribiera estos mandamientos tuvo la previsión de dejar abierta la idea de que,  ser ambicioso beneficiaría a todos, pues supondría la competencia por lograr siempre un poco más, algo que de alguna manera impulsaría el desarrollo.

Si a partir de ahora alguien tuviera la misión de reescribir estos mandamientos podría sintetizarlos de la siguiente manera:

a) Amarás a Dios, respetarás su nombre y harás conmemoraciones en su honor.
b) Respetarás a los adultos y cuidarás de ellos.
c) No matarás.
d) No harás actos inmorales, ni planificarás hacerlos.
e) No robarás, ni planificarás hacerlo.
d) No mentirás.

Es una interpretación muy respetuosa sobre los Diez Mandamientos, pero en todas las culturas y religiones encontraremos aseveraciones muy parecidas a estas. El problema es que para la sociedad moderna ya no es suficiente. La normas de convivencia de antaño no tenían en cuanta, cuan complejas y vulnerables se tornarían las sociedades del futuro. Aquí entran en la escena los “Derechos”.

No en vano, la especialidad de las ciencias sociales que se dedica a estudiar la organización de la sociedad a través de las leyes, se denomina Derecho. En la medida que los asesinatos empezaron a ser clasificados aparecieron “grados”, que implicaban sentencias diferentes. Robar podría ser clasificado, el adulterio podría ser clasificado, y esto fue siendo valido para todo lo que fuera considerado un delito.

Las cosas se fueron complicando cuando el concepto de ”derecho” se traslado al individuo, que en muchas sociedades y circunstancia podía convertirse en víctimas del Derecho cuando este era aplicado desde los intereses de los gobiernos. Es muy probable que el primer intento de crear una lista sobre los derechos fundamentales del hombre ocurriera tan tempranamente como el 1235 dc. La UNESCO a reconocido la carta de Madén o Kurukan Fuga, como el primer intento de proveer a sus ciudadanos una lista de derechos individuales. Con esos términos se fundó el Estado de Mali, que como uno de sus logros más trascendentales, determinó por ley la abolición de la esclavitud en su región.

Poco a poco se fue imponiendo la idea de que podría ser un derecho comer, educarse, vestirse, recibir asistencia medica, tener un vivienda, opinar diferente, buscar fuentes alternativas de información, viajar, reunirse, tener otras creencias, etc., pero a la par sucedía que muchas sociedades se radicalizaban y volvían la espalda a muchos de estos derechos. De hecho, las naciones que no se suscriben a estos pactos internacionales, en los que se intenta garantizar estas formas de libertades individuales, no suelen aplicarlas, y en muchísimos casos estos firmantes, no las cumplen.

Para alcanzar esa sociedad utópica, o para tender a ella,  uno de los elementos fundamentales a tener en cuenta es la forma en que los individuos puedan convivir con respeto y armonía. Ya hemos visto que desde el inicio de la civilización, el hombre ha intentado establecer normas con este objetivo, pero no es fácil concientizar que los seres humanos nacen con estos derechos. Podríamos agregar al respecto, que las culturas orientales no conocían este concepto porque su sistemas sociales se orientaban hacia los deberes, y nunca hacia los derechos. El pensamiento en si, fluyó desde occidente y se extendió por el mundo, cambiando formas de gobiernos y culturas ancestrales, aunque la realidad demuestre que, tener derechos, es independiente a si son reconocidos, o no.

Nos imaginamos la sociedad perfecta con muchos detalles, pero este, el de los derechos fundamentales de los seres humanos, el de las normas de convivencia, es inapelable.