domingo, 16 de octubre de 2011

La historia de un vial

Era el año mil novecientos noventa y tres y los  laboratorios BETERA (Biological, Engenier, Technological, Enterprise, Research, Antiserum), situado al fondo del Banco de Sangre de Marianao, era la nueva envidia del Polo Científico de la Habana. Lagomasinos contaba con un laboratorio de purificación que no existía aun ni en CIEGB (Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología). Los laboratorios de HLA (Human Leukocyte Antigen), de Aglutininas e Investigaciones Clínicas, podrían fácilmente dar la impresión de estar listos para una película de ciencia ficción. No se escatimaba en gastos, BETERA estaba en la buena mira del Comité Central y allí no faltaría dinero para las investigaciones. Tenía sus ventajas, una que nadie podía sustituir y que realmente era el eje de aquel poder. Su asociación con el Novedosos Banco de Sangre, con equipos, también novedosos, como maquinas de Plasmapheresys, le proporcionaba una materia prima difícil de  despreciar; sangre humana y en las cantidades que se necesitaran. Aun así, era clásico ver al joven Pedro llegarse al hospital de Marianao para hacerse con alguna placenta de embarazada y llevarla a su laboratorio. A veces bromeaba, cualquier día de estos les hago a todos unas coqueticas de placenta que se van a chupar los dedos; chistes de científicos. Algunas cosas parecían normales a simple vista, pero un día llegó alguien con unos pequeños viales que deberían ser almacenados a menos ochenta grados centígrados. Estaban de suerte, allí habían también los caros sistemas de refrigeración, en tal cantidad que también era posible darles un espacio. La solidaridad científica se puso de manifiesto e inmediatamente aquel parco individuo obtuvo lo que buscaba. Una caja metálica, fue introducida en aquel frízer y esta caja a su vez había que abrirla con llave. Unos simples viales no hubieran llamado la atención de nadie, pero tanto espaviento no pudo ser pasado por alto.

-          Oye, ¿tienes idea de que hay dentro del cofrecito de hierro?
-          Ni idea, pero el que lo trajo trabaja en un laboratorio que no tiene nombre, pero que esta dentro del INCA.
-          ¿Qué es el INCA?
-          El INCA es el Centro Nacional de Ciencias Agrarias, pero ese no trabaja en el INCA, es algo que esta dentro de ese lugar y que no tiene nada que ver con la agricultura. Parece que es algo militar.
-          Pero entonces, ¿Cómo tú sabes eso?
-          Porque ese era Biólogo, pero venia de una escuela militar y lo mandaron a estudiar a la facultad, pero él no tuvo que escoger ubicación, él ya estaba destinado para ese lugar.
-          Interesante, ¿no crees?
-          Intrigante mas bien.

Esa sería la tónica de las conversaciones entre el personal de BETERA, pero un día, a la hora de la comida se aparecieron en aquel lugar varios miembros del Ministerio del Interior que se dieron a la tarea de entrevistar a todas aquellas personas que tenían acceso al frízer de la cajita de hierro.

-          Usted a abierto ese frízer esta semana.
-          Lo abro todos los días,
-          Ah, ¿y por casualidad no le dio curiosidad y abrió la cajita de hierro?
-          Soy científico, no cerrajero, y esa cajita claramente tiene una cerradura.
-          O sea, que usted si sintió curiosidad, pero no pudo abrir la cajita.
-          Yo no dije eso. Yo no he intentado nada con esa cajita.

A todos los entrevistaron, pero era demasiada la gente con acceso al mismo lugar. Basta decir que la cajita no regreso al frízer de BETERA, pero era obvio que se había perdido algo de dentro de ella. ¿Qué era? ¿Que podría ser aquello tan importante? Seguramente nunca lo sabremos, pero a juzgar por el Interés militar en el asunto, no era algo muy bueno, incluso tal vez muy malo.

2 comentarios:

  1. Cositas de Cuba. Yo vivía frente al Cementerio de Colon y un día, de la madrugada, me asomo a la ventana veo más de cinco carros militares dentro del cementerio. La cosa era de tal envergadura que parecía una película policiaca. Todos en mi edificio lo vieron. Luces de colores girando en los techos de los carros y la siniestralidad del propio cementerio. Uno en mi edificio trabajaba en la metrópolis de muertos y como a los tres días le pregunté. Me dijo que nadie sabía nada, que era un misterio.

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  2. Tal vez sea lo que se llama un mal pensado, pero ¿saben que me recordó esta historia y me hizo escribirla? No sé, la verdad es que es una gran conjetura, demasiado grande para tomarla en serio y espero que me perdonen. Esos pinchazos que dicen que Laura Poyan recibió en el acto de repudio anterior a su enfermedad me dan la mala espina. Puede que no sean casuales estos pinchacitos. Incluso sabiendo que puedo estar sugiriendo algo que no necesariamente tenga que ser verdad, esto si lo digo con mucha convicción, esa gente no es de confiar. No es de confiar y eso los hace temibles. Hace temibles a las personas incluso que estuvieron cuidándola, hace temible a todo el sistema. No sería la primera vez en la historia en que esas cosas ocurran. Que lástima que no se conservó su cuerpo bajo refrigeración para una segunda autopsia futura.

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